Hace 21 años, una azafata de Iberia montó una casa de acogida para gente sin techo. Hoy son su familia

Me engañó totalmente”, recuerda Federico Viejo, Fede, 20 años después. “Y menos mal, porque si ella no se hubiera cruzado en mi camino ahora estaría muerto o en la cárcel”. Llevaba cuatro años durmiendo en la calle cuando se conocieron. Desde los 15 estaba enganchado a las drogas y al alcohol y había pasado tres años en prisión por una estafa. El bocata era un pretexto para llevarle a una casa de acogida. Cuando atravesó la puerta pesaba 50 kilos. Era un hombre destruido, por dentro y por fuera. “Ella me lo devolvió todo”. Lo primero, la autoestima

Fuente
El pais

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